Saben, no sé si les conté antes, soy una cinéfila empedernida pero de las que se quedan en casa.
Debo confesarles, sin embargo, que no por decisión personal, la verdad es que sueño con poder ver un día todas las películas que tanto me gustan en una sala de cine real. E. dice que entrar al cine, sentarse en una butaca, llenarse los carrillos de chocolates bitter y esperar que la luz encienda el inmenso ecran, es una las experiencias más fabulosas que hay en la vida. Yo temo nunca vivirla y temo que si en un ataque de valentía intento comprar un boleto en alguna sala de la ciudad, el vendedor eche volando muy lejos del lugar mis lanas. Es evidente, lo sé, soy una oveja, puede que piensen que puedo transmitir enfermedades aunque E., escúchenlo bien señores de los cines, se esmera en bañarme con shampoo de coco y jabones antibacteriales.
Quisiera, por ejemplo, poder ver Annie Hall en el cine. Hace poco la vi con E. y las escenas en Nueva York son buenísimas y ver a Woody Allen y a Diane Keaton caminando y siempre hablando por las calles de Manhattan y en tamaño natural debe ser fantástico.
En fin, E. dice que va a tratar de meterme en una mochila, ojalá lo logremos. Les cuento más adelante.
Ahora les dejo un extracto de Annie Hall, el final, escuchen el comentario de Woody Allen, es buenísimo “Todos necesitamos los huevos”.


