Las ovejas también nos insolamos, usamos bloqueadores, bronceadores y perdemos la primera capa de piel. Hace una semana, E. decidió utilizarme para uno de sus nuevos experimentos. Ella decía entonces que podía enseñarme a disfrutar del calor. Me metió en su auto y me llevó a la playa. Viajamos más de media hora hasta el sur, llegamos a una playa muy linda, repleta de tablistas y con mucha arena en la orilla, y ahí mismo nos instalamos sobre su pareo. Debo confesar que me sentía un poco rara, me costaba dilucidar que rol me tocaba asumir en la playa. Por un lado están las chicas que solo buscan solearse, los niños que hacen castillos de arena en la orilla, los padres que cuidan a los niños, los niños que torturan a los padres, los perros que se zambullen en el mar para recoger los objetos que tiran los pelotudos de sus amos y, claro, yo, la oveja sin un rol definido.
Decidí entonces imitar al resto. Eso de tumbarme panza arriba se veía delicioso, sobre todo con un libro entre las patas, pero soy una oveja y las ovejas no leen y las que leen seguro asustan. Optar entonces por solo broncearme boca arriba, demasiado aburrido. Descartado. Caminé hacia la orilla, sentía las miradas inquisidoras de los veraneantes – imagínenlo, una oveja en la playa, una oveja rapada en la playa – empecé a cavar huequitos como los niños, levanté con mis patas traseras, en menos de un minuto, un súper cerro de arena y acabé embarrada. Descartado. Tercer intento, actuar como un perro, seguro sería más natural para la mayoría de humanos ver a una oveja, con pinta de perro peruano, corriendo detrás de una pelota o zambulléndose de lo lindo en el azul. Al primer intento una ola me estrelló contra la orilla, dos litros de agua salada ingresaron raudamente por mi hocico, confirmé entonces que a las ovejas no nos sale natural eso de “hacer el perrito”, sí, mover las patas muy rápido para mantenerse a flote. El mar estaba delicioso, es cierto, pero eso de perseguir objetos ajenos me parece una cosa de pelotudos. Los perros se divierten, las ovejas como yo, no. Descartado.
Intenté entonces entablar una relación con el mar a mi manera. Caminé por la orilla, me olvidé de las miradas prejuiciosas, vi a lo lejos un lobo de mar, sorprendente en verdad, me bronceé un poco, observé de cerca algunos caracoles, cogí con mis patas un mui mui, lo coloqué sobre mi lomo y fue divertido sentir el cosquilleo de sus pequeños piececitos. Me tiré en la arena y espere que el mar me refrescara de a pocos. Entonces comprendí por qué a E. le gusta tanto el mar, es por la sensación de libertad que uno siente, frente a la inmensidad del mar nadie es importante, puedes ser tú mismo y olvidarte del resto, ser egoísta y pensar solo en ti, en la mejor forma de disfrutar de ese pedazo de geografía. Soy una oveja y sí, esa es la forma como disfruto de mis paseos por la playa. Había descubierto por fin cuál era mi rol. Y sí, puede imitarlo quien quiera.
Y antes de despedirme, las ovejas usamos caladryl para la insolación, nos quejamos por la noche al dormir y el sonido de las olas también nos arrulla deliciosamente. Hasta mañana!
Lo olvidaba y que mejor que oír un poco de Jack Johnson antes de ir a dormir…

Que suerte para una obeja estar cerca del mar y en verano!… Un gran tortugo congelado la envidia a profundidad.