E. me llevó hoy al paraíso del chocolate caliente. Sí, existe y pueden visitarlo, sin morir en el intento, dándose una vuelta por un rinconcito delicioso en Barranco(si les digo el nombre me veré en aprietos). E. fue hace una semana y conoció a la joven rumana de mejillas rosadas y de sonrisa espaciada que hace magia con unas simples bolitas de chocolate y diminutos malvaviscos (me encanta la cacofonía de esta palabra). E. converso largo rato con F., la joven rumana, y se animó a confesarle que vive conmigo, una oveja tragona, que por cierto es su gran, grandísima amiga, y que es una insalvable junkie del chocolate. F. le dijo tráela, al mediodía, a esa hora no hay gente aquí. Así que hoy fuimos a Barranco.
F., la joven rumana, me observo detenidamente, me jalo las lanas, me tocó la cara, la panza y yo…yo no abrí la boca, claro, E. dice que sería demasiado para un solo día. Elegimos una mesa, en un rincón discreto del café, encaje mis patas en la silla, espere que F. me alcanzara un tazón repleto de su mágico elixir y fue entonces que casi voy directo al cielo, claro, al cielo de las ovejas. Si E. no me jalaba de las lanas, no estaría escribiendo este post. Oveja, susurró E., ¿Te gustó?, solo asentí, las palabras se habían esfumado.
F., algo sorprendida, le dijo a E.:
-Me encantaría escuchar hablar a tu oveja, parece que quisiera decirme algo.
-No lo dudes. Si pudiera hablar diría de seguro: “Hoy, sí estoy lista para ir al cielo E.”


no sé por qué este es el post que más me ha gustado. mmm…
(pero quiero saber dónde queda ese sitio maravilloso!)
Debes visitar entonces la cafetería de la galería de arte Lucía de la Puente.
(Cuidado con el primer sorbo, puede ser muy caliente)
Vaya, del tazón de chocolate solo probe una pizca. Era extremadamente delicioso y abundantemente calorico( seis vueltas a la manzana mas o menos ¿no?. Estuve por ahí, una media tarde, con una chica empeñada en confundirse – o complicarse- y que siempre esta buscando las razones menos lógicas para estar o creer estar insatisfecha.Sí estuve con ella, rememorando las batallas ajenas, la gloria de las ficciones, las plumas perdidas, las cintas enmohecidas; en fin, como a veces digo, buscando en complicidad el color preciso con el cual pueda poner rubor a la rutina de los quehaceres.De la oveja no había ni el mas remoto rastro. De E, ( a veces nunca esta) tampoco, pero si ví a la rumana. Sobria y feliz. Debe tener quiza unos 35 o 40 años,no es torpe para nuestro idioma, pero ahi esta.Contando a diestra y siniestra al oído mas agudo, las bolitas de chocololate que sirven para crear la maravilla. Ahora que leo a esta oveja satisfecha (y humana) me he puesto a pensar mas que en las las mejillas de esa mujer, en sus ojos, en su rutina, en sus sueños, en sus razones perdidas por la que “tuvo que dejar secar la ropa de la vieja europa”como dice Sabina. Sí, debe ser un mundo de explicaciones complejas – o simples- que hacen que un día, uno, con vida, historia, apego, cirios y cenizas, cargue sus brios y se pierda en el mundo. ¿No? Bueno, mira pues, todo lo que nos hace decir esta oveja, asi que lo que mínino que puede hacer esta oveja es contarnos algunas elementales cosas de ella,su edad, sus origenes, sus sueños, las veces en que pudo haber sido un bocado perfecto.
Vaya, del tazón de chocolate solo probé una pizca. Era extremadamente delicioso y abundantemente calórico( seis vueltas a la manzana mas o menos ¿no?. Estuve por ahí, una media tarde, con una chica empeñada en confundirse – o complicarse- y que siempre esta buscando las razones menos lógicas para estar o creer estar insatisfecha. Estuve con ella, rememorando las batallas ajenas, la gloria de las ficciones, las plumas perdidas, las cintas enmohecidas; en fin, como a veces digo, buscando en complicidad el color preciso con el cual pueda poner rubor a la rutina de los quehaceres.De la oveja no había ni el mas remoto rastro. De E, (a veces nunca esta) tampoco, pero si ví a la rumana. Sobria y feliz. Debe tener quizás unos 35 o 40 años, no es torpe para nuestro idioma, pero ahí esta. Contando a diestra y siniestra al oído mas agudo, las bolitas de chocolate que sirven para crear la maravilla. Ahora que leo a esta oveja satisfecha (y humana) me he puesto a pensar mas que en las mejillas de esa mujer, en sus ojos, en su rutina, en sus sueños, en sus razones perdidas por la que “tuvo que dejar secar la ropa de la vieja Europa” como dice Sabina. Sí, debe ser un mundo de explicaciones complejas – o simples- que hacen que un día, uno, con vida, historia, apego, cirios y cenizas, cargue sus bríos y se pierda en el mundo. ¿No? Bueno, mira pues, todo lo que nos hace decir esta oveja, así que lo que minino que puede hacer esta oveja es contarnos algunas elementales cosas de ella, su edad, sus orígenes, sus sueños, las veces en que pudo haber sido un bocado perfecto.
Saludos;
ON