Desaparecí del mapa por unos días, discúlpenme, pero debo decir a mi favor que tengo una palabra como excusa: vergüenza. Y ahora les contaré por qué esa palabra se interpuso entre nosotros.
E. me llevó al campo para respirar un poco, inundar mi retina de verde y, sobretodo, poner a secar mis lanas repletas de humedad y smog. E. dice que comenzaba a ver en mí una extraña simbiosis entre oveja y champignon. Así que enrumbamos hacia un valle cercano de Lima. Apenas bajé del auto descubrí de pronto mis ganas de correr, de dar vueltas por el pasto, saltar alto, altísimo, agitar mis lanas contra el viento. Fue, realmente, delicioso, liberador. Sin darme cuenta crucé las barreras de una chacra, vi entonces a un grupo de ovejas encerradas, recordé a mis padres, nunca los conocí y E. tampoco quiso contarme qué pasó con ellos. Me acerqué a la verja para hablarles y una de las ovejas abrió de pronto sus ojos asustados y sentí que algo me paraba de cabeza. Una mano me cogió de las patas y me metió a un galpón. No sabía que hacer, había perdido de vista a E. y mis meeeees parecían no surtir efecto en mi captor.
De pronto giré la cabeza y ví una máquina filuda y brillante acercándose a mí. Solo atiné a decir: Epaa!! Hombre ¿Qué vas a hacer?. El carnicero ese volteó para ver quién le estaba hablando, obvio, como pensar que yo, una oveja se estaba defendiendo.
Me tapó el hocico, no pude argumentar nada a mi favor, lloré ante la inminencia de mi muerte y entonces la cuchilla empezó a hacerme cosquillas en todo el cuerpo y vi descansar en el suelo mi traje de nube. Sí, ese patán me esquiló, me dejo pelada, rosada como un chancho y luego me soltó en el campo, frente a todas las ovejas enjauladas, que ciertamente se meeeeaban de risa.
Cuando regresé al encuentro de E., E. se partió de risa: Oveja, eres un perro chino. Estaba indignada, avergonzada, vejada, todos los …adas posibles. E. me metió en el auto, me llevó a un estacionamiento en Lima y volvió a los pocos minutos con un polar Tek blanco: Oveja, aquí tienes, lanas sintéticas que abrigan.
Y bueno, esa es la razón por la que no escribí. Necesitaba superar la humillación para poder sentarme a escribir esta pequeña historia de lanas arrancadas. Solo quería cerrar este post diciendo, que con o sin lanas, soy una oveja, no un perro chino.
Más o menos así luzco con mi traje polar. Y sí, también canto cuando estoy deprimida.
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